El Festival de Cine de Tribeca ha marcado un hito al incluir por primera vez en su competición principal una película generada completamente mediante inteligencia artificial. El filme, titulado Dreams of Violets, creado por el cineasta británico-iraní Ash Koosha, carece de actores, camarógrafos o escenarios físicos: todo se construyó a partir de comandos de texto y herramientas digitales. Este anuncio llegó en un momento delicado —o estratégicamente calculado, según quién lo analice— para una industria que aún lidia con las secuelas de las huelgas de 2023.
Lo que hace único a Dreams of Violets frente a experimentos previos
Antes de este suceso, ya existían proyectos cinematográficos generados con inteligencia artificial, pero siempre relegados a espacios alternativos o muestras fuera de competencia. El cambio que hizo Tribeca fue otorgarle un lugar oficial: Dreams of Violets no solo se proyectará, sino que competirá por los mismos premios que películas documentales o ficciones realizadas por equipos humanos. Esta diferencia —exhibición versus competición— es la que incendió el debate.
Jane Rosenthal, cofundadora del festival, defendió la inclusión bajo la idea de que la inteligencia artificial puede servir como un medio para narrar historias con grandeza humana. No obstante, dejó sin respuesta la inquietud más compleja: ¿cómo se define lo ‘humano’ en una película sin equipo ni actores reales? Koosha desarrolló el filme exclusivamente desde texto, sin una sola persona presente en el rodaje, y esto es lo que ha generado preocupación en los círculos artísticos. Si bien se aplaude la valentía de Tribeca para abrir la discusión, para numerosos profesionales de la industria esta decisión parece más una traición que un acto valiente.

El impacto de las huelgas y el momento más inoportuno
El contexto supera a la película misma. Durante 2023, los actores de SAG-AFTRA y los guionistas de WGA detuvieron Hollywood durante meses exigiendo normativas que protegieran sus empleos frente al avance descontrolado de la inteligencia artificial. Aunque se lograron acuerdos parciales y la industria retomó sus actividades, nadie aseguró que el conflicto estaba cerrado, solo que estaba contenido. Estas huelgas cambiaron para siempre las reglas del juego.
Para muchos actores y escritores, la inclusión de Dreams of Violets en Tribeca es evidencia de que los pactos no bastaron. No se trata de un experimento académico en un festival pequeño, sino de un evento de alto nivel en Nueva York, con el respaldo institucional más visible. Cualquier premio que reciba esta película será leído por la industria como un indicio sobre hacia dónde fluye el capital.
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¿Herramienta o reemplazo? La cuestión que Tribeca no puede dilucidar sola
El argumento de Rosenthal sobre la IA como aliado en la creatividad y no como sustituto es el mismo que se escucha en conferencias tecnológicas desde 2022. Tiene sentido: el cine digital en su momento fue visto como la muerte del celuloide, pero terminó instaurando un nuevo lenguaje. La dificultad radica en que la inteligencia artificial no solo cambia el formato, sino que también afecta directamente los empleos. Un director de fotografía no desapareció por la llegada de la cámara digital; sin embargo, si un cineasta puede generar una escena mediante un prompt, sí corre el riesgo de perder su trabajo.
Ash Koosha no representa un antagonista; es un artista que explora los límites del cine con su obra, que justamente es lo que los festivales deben fomentar. Sin embargo, Tribeca tiene una misión que sobrepasa seleccionar innovaciones: al otorgarle estatus competitivo a un proyecto sin equipo humano, hace una declaración sobre qué se valora en el cine y qué no. Las próximas semanas revelarán si la industria lo acepta como una evolución o lo asimila como una derrota para sus sindicatos.
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