Redactor especializado en divulgación científica e histórica
En la cima del Weißseespitze, ubicada en los Alpes orientales, en la frontera entre Austria e Italia, se ha encontrado algo excepcional por parte de un equipo de científicos internacionales: un archivo ambiental de Europa almacenado en apenas diez metros de hielo. A lo largo de siglos, cada nevada incorporó partículas del aire, tales como metales, polvo, cenizas y restos de humo, que quedaron atrapadas en el glaciar, similar a las páginas que narran la historia climática. Hoy, esa "biblioteca" natural está en peligro de desaparecer.
Una investigación reciente ha estudiado este núcleo de hielo del glaciar alpino, reconstruyendo cerca de dos mil años de historia ambiental que abarcan desde el Imperio romano hasta la Edad Moderna. Según el artículo publicado en Frontiers in Earth Science, el glaciar conserva indicios de contaminación atmosférica, incendios forestales, minería y enormes erupciones volcánicas, incluso de lugares remotos a cientos o miles de kilómetros.

El desafío es urgente: el deshielo acelerado amenaza con borrar esta invaluable fuente de información que registra la atmósfera europea anterior a la Revolución Industrial.
Un tesoro helado que preserva la historia atmosférica europea
A primera vista, un glaciar podría parecer un enorme bloque de hielo estático, pero en su interior se encierra un registro minucioso de todo lo que ha caído desde la atmósfera durante siglos. Cada nevada deposita diminutas partículas de polvo, ceniza volcánica, humo, aerosoles y metales liberados por actividades humanas. Con el paso del tiempo, estas capas quedan enterradas bajo nuevas nevadas y se cristalizan en hielo, resguardando para siempre la composición química atmosférica de cada época.

Este proceso convirtió al Weißseespitze, situado a unos 3.500 metros de altura en los Alpes orientales, en un auténtico archivo climático europeo. Para acceder a estos datos, los científicos realizaron una perforación hasta la base rocosa del glaciar y recuperaron un núcleo de casi diez metros de longitud. Aunque pequeño, este núcleo ofrece una secuencia continua que permite reconstruir aproximadamente dos mil años de historia atmosférica.
El estudio muestra que las capas superficiales corresponden a nieve acumulada entre los siglos XVI y XVII, mientras que el hielo más antiguo data del 349 a.C. al 420 d.C., abarcando el período final de la República romana y el declive del Imperio romano de Occidente. Cada estrato exhibe una firma química única que refleja las condiciones ambientales del momento en que fue cubierto por nieve.

Para fechar cada capa, se combinaron técnicas como la datación por el isótopo radiactivo argón-39 y el radiocarbono. Gracias a este método, se construyó una cronología precisa que relaciona cambios en el hielo con episodios de contaminación, minería intensa, erupciones volcánicas y otras transformaciones significativas en Europa durante casi 2.000 años.
Los glaciares alpinos actúan como valiosos archivos naturales que preservan historia atmosférica estrato tras estrato.

Metales medievales atrapados en capas de hielo
Uno de los hallazgos más notables fue la detección de picos en la concentración de metales como plomo, cobre, plata y arsénico en momentos históricos específicos. Estos elementos no se presentaron a niveles constantes, sino con aumentos claros en ciertos períodos.
El equipo científico confirmó que esos aumentos coinciden con etapas de mayor explotación minera y metalúrgica durante la Edad Media en Europa.
- Entre los siglos X y XIV, varias zonas de los Alpes y Europa central vivieron intensas extracciones de minerales, principalmente plata y cobre. La fundición liberaba partículas metálicas que podían desplazarse largas distancias antes de quedar depositadas sobre los glaciares.
El hielo del Weißseespitze conserva esas señales. Por ejemplo, las elevadas concentraciones de arsénico corresponden con períodos de intensa minería en áreas históricas como los Alpes italianos, el Tirol o las montañas Harz en Alemania, reflejando indirectamente la expansión tecnológica y económica medieval.
No toda la información del núcleo se debe a actividades humanas.
El registro de incendios ancestrales preservado en el hielo
Además de la contaminación humana, el núcleo reveló una fuerte señal asociada a incendios forestales antiguos. Esto se identificó mediante el análisis del levoglucosano, un compuesto generado cuando la madera arde, que puede transportarse por el aire, depositarse sobre la nieve y preservarse durante siglos dentro del hielo.
Los análisis mostraron un notable aumento de este marcador alrededor del siglo XII. Para confirmar si esto representaba un período con más incendios, compararon estos datos con los de una turbera cercana al Weißseespitze. Ambos registros coincidieron en un incremento simultáneo de partículas vinculadas a combustión, evidenciando un tiempo de alta actividad incendiaria en gran parte de los Alpes.
Los investigadores relacionan este fenómeno con el Periodo Cálido Medieval, caracterizado por temperaturas algo más elevadas entre los siglos X y XIII. Años secos y prolongados propiciaron la acumulación de vegetación inflamable, facilitando la propagación de incendios en las montañas alpinas.
No obstante, el clima no sería la única causa: el uso creciente del territorio también dejó su huella. La expansión agrícola, la ampliación de pastizales y las quemas deliberadas para moldear el paisaje aumentaron la cantidad de humo en la atmósfera, atrapada en las capas de nieve y visible hasta hoy.
Los niveles de plomo y otros metales se mantuvieron bajos durante gran parte del período, incrementándose solo junto con la minería y fundición medievales.
El glaciar conservó signos de grandes erupciones volcánicas
El estudio también muestra que el Weißseespitze registró señales químicas de importantes erupciones volcánicas en el hemisferio norte, incluso si ocurrieron a varios miles de kilómetros de distancia.
En el núcleo se detectaron picos de sulfatos y elevados metales concomitantes, indicativos de aerosoles volcánicos que permanecen meses en la atmósfera y pueden viajar grandes distancias antes de depositarse.
La cronología del glaciar coincide con erupciones reconocidas en otros registros paleoclimáticos, especialmente durante el siglo XIII. Esto confirma que estos eventos modificaron la composición atmosférica continental, y que incluso un glaciar relativamente pequeño pudo registrar con precisión la huella química de fenómenos naturales distantes.
Estos hallazgos reafirmaron el enorme valor científico de los glaciares alpinos, que aunque más pequeños que Groenlandia o Antártida, conservan información sobre eventos naturales ocurridos a gran distancia, constituyéndose en archivos históricos de la atmósfera europea.
Una biblioteca climática que se está derritiendo
Sin embargo, esta valiosa biblioteca natural corre el riesgo de desaparecer antes de que se complete su estudio.
Entre 2019 y 2024, el equipo de investigación realizó repetidas visitas para monitorear su estado, con resultados preocupantes.
En pocos años, el grosor del hielo en el punto de perforación se ha reducido significativamente. Se han perdido varios metros desde las primeras mediciones, lo que implica la desaparición de capas completas de información climática.
Los glaciares alpinos son sumamente vulnerables al calentamiento global. Modelos científicos sugieren que una parte importante de estos glaciares podría desaparecer en las próximas décadas si continúan las tendencias actuales. Al derretirse, no solo se pierde hielo, sino también la valiosa información contenida en él.
Cada metro de hielo que se desvanece representa una pérdida permanente de parte de la historia climática europea.
La memoria climática terrestre en riesgo
Los investigadores destacan que los glaciares de montaña son archivos únicos para entender la atmósfera preindustrial.
Los registros de hielo permiten diferenciar la contaminación natural de la generada por el ser humano. Por ejemplo, en Weißseespitze se concluye que antes de la era industrial, las emisiones humanas representaban solo una fracción menor del contenido natural de aerosoles.
- Comparar estos niveles históricos con los actuales posibilita valorar el impacto que tiene la actividad humana moderna sobre la atmósfera. Por ello, expertos consideran prioritario extraer y conservar núcleos de hielo de glaciares que están en retroceso. Esto no solo ayuda a estudiar el pasado, sino también a anticipar el futuro.
Referencias
- New chemical signatures from Weißseespitze ice cores (Eastern Alps): pre-industrial pollution traces from Roman Empire to Early Modern Period, Frontiers in Earth Science (2026). DOI: 10.3389/feart.2026.1680019
