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Durante mucho tiempo, una de las grandes incógnitas de la ciencia ha sido descubrir cuánto tiempo podrá sostener vida la Tierra. No se trata de predecir impactos de asteroides ni desastres provocados por la actividad humana, sino de analizar un horizonte que se extiende a miles de millones de años, cuando el Sol avance en su envejecimiento y nuestro mundo cambie radicalmente.
La hipótesis predominante ha afirmado que el aumento gradual de la luminosidad solar incrementará las temperaturas terrestres. Esto acelerará procesos geológicos que eliminarán dióxido de carbono de la atmósfera, limitando el elemento básico para la fotosíntesis, lo que conduciría a la extinción progresiva de la vegetación y, con ella, el colapso de toda la vida compleja.

No obstante, un reciente estudio publicado en el Journal of Geophysical Research: Atmospheres por Jacob Haqq-Misra y Eric Wolf aporta una perspectiva distinta: la biosfera podría persistir unos 1.800 millones de años adicionales, superando por mucho las estimaciones previas. Según este análisis, el fin de la vegetación podría estar más vinculado a la desaparición definitiva de los océanos que al agotamiento precoz de CO₂.
El Sol seguirá brillando… pero será su excesiva luminosidad el problema
Contrario a lo esperado, la mayor amenaza para la vida terrestre no será que el Sol se apague, sino que se vuelva demasiado brillante.

Estrellas como el Sol evolucionan lentamente durante miles de millones de años. Conforme agotan el hidrógeno en sus núcleos, su brillo aumenta gradualmente. Actualmente, el Sol emite cerca de un 30 % más energía que cuando se formó nuestro sistema hace 4.500 millones de años, y este incremento continuará durante mucho tiempo.
Para entender este fenómeno, es útil una analogía sencilla: es como cocinar a baja temperatura durante horas; inicialmente apenas se nota cambio, pero el calor nunca cesa en aumentar. Finalmente, el agua se evapora y los ingredientes varían, afectando el equilibrio inicial. La Tierra experimenta este proceso, aunque en escalas temporales prácticamente inimaginables.

Hasta ahora, nuestro planeta ha mantenido temperaturas relativamente estables gracias a un eficaz sistema regulador.
Esto demuestra que la Tierra es mucho más resistente de lo que se pensaba, y que su biosfera podría tener un futuro considerablemente más largo.

El termostato geológico que ha preservado la estabilidad terrestre durante eones
El equilibrio climático se debe en gran parte al ciclo carbonato-silicato, un proceso geológico que actúa como un termostato global gigante.
Cuando el planeta se calienta, la alteración química de las rocas se intensifica, capturando dióxido de carbono atmosférico y almacenándolo en minerales y sedimentos. Al disminuir el CO₂, se reduce el efecto invernadero y la temperatura baja. Posteriormente, la actividad volcánica libera carbono a la atmósfera, completando el ciclo.

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Este equilibrio ha posibilitado la existencia de océanos líquidos y temperaturas aptas para la vida durante miles de millones de años.
Sin embargo, tiene un efecto colateral: cuanto más eficiente es este regulador, menos dióxido de carbono permanece disponible para las plantas, lo que durante años se pensó definiría el fin de la biosfera vegetal.
Los primeros cálculos en los años 80 propusieron que la vegetación desaparecería en unos pocos cientos de millones de años. Aunque investigaciones posteriores prolongaron ese plazo, seguían considerando el agotamiento del CO₂ como el factor limitante principal.
Un modelo tridimensional modifica por completo las predicciones
La diferencia clave en el nuevo estudio radica en el uso de un modelo climático tridimensional avanzado para las simulaciones, en lugar de modelos simplificados.
Este modelo integra la circulación atmosférica, formación de nubes, dinámica oceánica, ciclo hidrológico y variaciones entre regiones planetarias.
Los investigadores analizaron 29 escenarios combinando diferentes niveles futuros de radiación solar y concentraciones atmosféricas de CO₂.
Los resultados indican que el calentamiento por el aumento gradual de la luminosidad solar podría ser menor al predicho por modelos unidimensionales, lo que amplía el tiempo que la Tierra puede mantener condiciones favorables para la vegetación.
Se evaluaron dos escenarios extremos:
- Uno en que el ciclo geológico continúa removiendo dióxido de carbono efectivamente y manteniendo temperaturas estables.
- Otro en que el CO₂ permanece casi invariable, pero la temperatura aumenta a niveles letales para la vegetación.
Algunas plantas podrían adaptarse donde otras desaparecerían
Un hallazgo relevante es que la respuesta vegetal no es homogénea ante la reducción de dióxido de carbono.
Durante mucho tiempo, se consideró que unos 10 ppm de CO₂ constituían un límite infranqueable para la fotosíntesis en las plantas más resistentes.
No obstante, el estudio sugiere que ciertas especies podrían sobrevivir incluso con concentraciones mucho más bajas.
Entre ellas se incluyen plantas con metabolismo CAM, que poseen una forma especial de fotosíntesis usada por muchas suculentas, cactus y algunas orquídeas. Estas abren sus estomas nocturnos para minimizar la pérdida de agua y aprovechan el CO₂ con gran eficiencia.
Además, muchas plantas acuáticas pueden utilizar bicarbonato disuelto en el agua como fuente alternativa de carbono, lo que representa un recurso adicional.
Si estos mecanismos siguen siendo efectivos en tiempos remotos, la vegetación podría persistir alrededor de 1.840 millones de años desde hoy, acercándose al momento en que el planeta perdería sus océanos irreversible e irreversiblemente.
Por lo tanto, la desaparición de la vida terrestre dependerá no solo del aumento térmico solar, sino también de la evolución conjunta de la atmósfera y las adaptaciones vegetales.
La extinción posible no sería por falta de dióxido de carbono
El estudio también contempla un escenario opuesto: si el ciclo geológico no elimina tanto CO₂ como se creía, el problema será el calor excesivo.
En esta situación, la Tierra superaría temperaturas intolerables para la mayoría de las plantas mucho antes de que el dióxido de carbono se agote para la fotosíntesis. A medida que la luminosidad solar siga en aumento, el planeta entraría en una fase de calor extremo que imposibilitaría la vida terrestre normal.
Los investigadores estiman este umbral entre 1.680 y 1.870 millones de años, según la tolerancia térmica vegetal considerada. Estas fechas coinciden con la etapa en la que se espera un efecto invernadero incontrolado y la pérdida progresiva de los océanos.
Este estudio también aporta claves para la búsqueda de vida fuera del sistema solar
Aunque se enfoca en el futuro remoto de la Tierra, sus implicaciones abarcan mucho más.
Dado que la Tierra es el único ejemplo conocido de planeta con vida, entender cuánto puede sostener una biosfera estable ayuda a perfeccionar los modelos empleados para estudiar exoplanetas.
Si ecosistemas complejos pueden resistir más tiempo ante un aumento gradual de la radiación estelar, es posible que existan más planetas habitables en distintas zonas de la galaxia.
Los autores también recuerdan que estos límites no son necesariamente definitivos. La evolución biológica ocurre en tiempos inmensos, y es imposible predecir qué adaptaciones podrían surgir dentro de cientos de millones de años. Incluso una civilización tecnológica futura podría alterar las condiciones planetarias a voluntad.
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Lo más relevante de esta investigación no es solo que amplía el "reloj" del fin de la biosfera, sino que transforma la comprensión sobre la alta resistencia del sistema terrestre. Durante décadas se creyó que la vegetación se extinguiría mucho antes de que la Tierra dejara de ser habitable. Ahora, gracias a modelos climáticos mucho más completos, ese periodo se extiende hasta coincidir con el fin del planeta tal y como lo conocemos.
Referencias
Haqq‐Misra, J., & Wolf, E. (2026). Maximum lifetime of the vegetative biosphere. Journal of Geophysical Research Atmospheres, 131(11). DOI: 10.1029/2025jd045586
